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Incapacidad gubernamental, afecta oportunidades para personas con discapacidad

Elen

Muchos países han adoptado políticas que permiten el desarrollo de personas con discapacidad.
Muchos países han adoptado políticas que permiten el desarrollo de personas con discapacidad.

Foto: CANVA / Onda Local

“Las personas con discapacidad somos capaces de aprender y de poder optar por un trabajo, es nuestro derecho” así expresó Gabriel Cuadra un joven de 29 años de edad, risueño, trabajador y soñador.

Gabriel tiene parálisis cerebral, una condición que afecta el habla, el movimiento, la postura y la coordinación, condiciones con las que ha luchado desde el mismo día de su nacimiento. “Mi primer gran reto fue sobrevivir”, dice, aunque su discapacidad no ha sido impedimento para alcanzar grandes proezas en la vida.

Se convirtió en un atleta paralímpico y compitió a gran nivel como velocista, uno de sus más grandes sueños, en el que ganó nueve medallas de oro centroamericanas, seis oros en abiertos internacionales y dos medallas de bronce en competencias continentales. Definitivamente una exitosa carrera como atleta.

En la actualidad, Cuadra dedica sus días a impartir charlas motivacionales en escuelas, universidades, organizaciones e instituciones, con el fin de concientizar a las personas sobre la inclusión y la capacidad que tienen las personas con discapacidad para estudiar y trabajar, ya que como él menciona, “Nicaragua es virgen en el tema de inclusión”.

De acuerdo con el Mapa de la Salud publicado por el Ministerio de Salud (MINSA), en Nicaragua al menos 181, 302 personas tienen algún tipo de discapacidad. Y aunque Rosario Murillo ha asegurado que el régimen ha atendido a 200,000 personas con discapacidad, se desconocen periodos, tipos de atención, en fin, los números, cifras de inversiones que certifiquen las palabras de Murillo.

Mientras tanto, la realidad con la que se enfrentan las personas con discapacidad en el país, dista mucho de la Nicaragua linda que se promueve desde los discursos del régimen. Un aspecto en el que Nicaragua queda debiendo a las personas con discapacidad es el acceso a la educación especializada y, por tanto, a las personas se les hace muy difícil poder desarrollar sus habilidades, lo que posteriormente dificulta obtener oportunidades laborales y valerse por sí mismas.

Cuadra concuerda con este planteamiento. En Nicaragua las personas con discapacidad no solo se enfrentan a la exclusión y discriminación, sino también a la falta de oportunidades educativas y laborales, afirma. “Puede que tu familia se esfuerce porque podás estudiar, pero en Nicaragua son pocas las oportunidades educativas, pero las laborales son menores. Aún son pocas las organizaciones que brindan empleos a personas con discapacidad”, agregó.

En Nicaragua la Ley de los derechos de las personas con discapacidad (Ley 763), tiene como objetivo promover, proteger y asegurar los derechos humanos de las personas con discapacidad, respetar su dignidad y garantizar el desarrollo humano integral de las mismas, con el fin de equiparar las oportunidades de inclusión a la sociedad, sin discriminación alguna y mejorar su nivel de vida.

Pero en Nicaragua, esa ley parece ser un simple elemento decorativo, puesto que los derechos de las personas con discapacidad son violentados y se garantiza el cumplimiento de los mismos.

El artículo 34 de la citada ley, contempla que el Estado a través del Ministerio del Trabajo (MITRAB) está obligado a garantizar que las personas con discapacidad puedan trabajar en igualdad de condiciones y que gocen de sus derechos laborales. El mismo artículo dice que, todas las instituciones y empresas nacionales, municipales, estatales o privadas que tengan de cincuenta a más trabajadores, deben incluir al menos el dos por ciento de personas con discapacidad en sus respectivas nóminas.

Sin embargo, son muy pocas las empresas e instituciones que cumplen con este estatuto. “Hay algunos casos de éxitos, pero son pocos necesitamos que se unan más personas, más instituciones, que se trabaje más por la inclusión, las personas tienen que saber que las personas con discapacidad tenemos capacidad y podemos desarrollar un papel activo dentro de la sociedad”, puntualizó Cuadra.

Ante la falta de oportunidades para las personas con discapacidad, el emprendimiento es una de las opciones que tienen para desarrollar sus habilidades, como es el caso de María Paula Velásquez, una joven universitaria de 24 años de edad que tiene discapacidad auditiva y elabora piñatas para sufragar sus gastos personales y universitarios.

María aprendió a hacer piñatas con la ayuda de una amiga, que al igual que ella tiene discapacidad auditiva. El objetivo de aprender esta labor fue para tener un oficio como segunda instancia ante las dificultades que podría enfrentar como egresada de la universidad para conseguir trabajo. Actualmente vende sus piñatas a familiares, amigos, vecinos y todos aquellos que ven sus creaciones en Facebook.

Para María Paula ha sido un camino bastante difícil el poder acceder a estudios de primaria, secundaria y superior. Raquel, hermana de María Paula comentó que, durante la primaria, tuvo que quedarse internada en un colegio privado en Managua en donde las condiciones eran especiales para personas sordas y en secundaria en ocasiones mi mamá o yo teníamos que ir de intérpretes. “Ella nos expresó que en la escuela especial la educación era muy básica y poco organizada, debido a que tienen todo tipo de discapacidad y eso retrasa el aprendizaje de algunos discapacitados” señaló.

En la actualidad, María cursa la Universidad y Raquel contó que el sistema de educación en Nicaragua carece de inclusión, ya que en la universidad no hay un intérprete fijo que explique las clases. “Ocasionalmente hay una estudiante voluntaria que interpreta cierta parte de la clase, pero hay partes que no y eso dificulta su proceso de aprendizaje” señaló.

Por medio de su hermana intérprete, María Paula expresó que tiene el sueño de alcanzar la independencia. “El sueño más grande es poder llevar una vida normal, sin prejuicios, sin miedo a salir a la calle, con total confianza de que nadie la va a ver raro cuando se comunique en lenguaje de señas y que la valoren como cualquier persona sin menospreciar sus capacidades. Sin embargo, no dejan de existir personas que subestiman las capacidades de las personas con discapacidad.” concluyó Raquel en su interpretación.