Niñez migrante y educación: Desafíos del sistema educativo en Costa Rica

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El Liceo Julio Fonseca Gutiérrez es una institución de educación secundaria académica ubicada en San José, Costa Rica. • Foto: Onda Local

Durante el ciclo lectivo 2025, el sistema educativo costarricense atendió a 64,095 estudiantes extranjeros, de los cuales más del 80 % procedía de Nicaragua.

El dato fue proporcionado a Onda Local por Víctor Pineda Rodríguez, asesor nacional de educación intercultural, del Ministerio de Educación Pública (MEP) de Costa Rica. “Aunque hay representación de muchas nacionalidades, el 81,19% de las personas estudiantes migrantes, independientemente de su condición migratoria, son provenientes de Nicaragua” aseguró el funcionario.

El asesor de educación intercultural también afirmó que el segmento de estudiantes de procedencia nicaragüense en el sistema educativo costarricense representó el 4,8 % del total de la población estudiantil a nivel nacional, cuya cifra oficial en 2025 fue de 1 millón 088 mil 959 estudiantes.

Pineda aclaró que dichas cifras se desprenden del reporte final correspondiente al año 2025 del Sistema de Administración Básica de la Educación y sus Recursos, conocido también como “Plataforma Ministerial SABER”, una instancia del MEP cuya finalidad es fortalecer la gestión educativa y administrativa a través de la digitalización de procesos institucionales para la integración de datos en el ámbito educativo.

Para la niñez, adolescencia y juventud nicaragüense que se vio obligada a abandonar su país junto a sus progenitores, dado el contexto sociopolítico y económico de Nicaragua, el proceso de inserción al sistema educativo costarricense conlleva una serie de dificultades, pero también una serie de oportunidades que le ofrecen el beneficio de continuar su educación básica, independientemente de su condición migratoria.

De la secundaria en Bluefields, Nicaragua, a las aulas en Costa Rica

Arinson Valle González es una joven nicaragüense de 20 años que reside en Costa Rica desde 2019. Tras haber cursado hasta segundo año de secundaria en Bluefields, Costa Caribe Sur de Nicaragua, migró a Costa Rica con su padre por la situación política que atraviesa su país. Arinson buscó retomar su formación académica en el país de acogida.

Lo primero que hizo fue participar en el Open House de la Fundación Hedwig y Robert Samuel, para conocer los requisitos, programas de becas y carreras técnicas que esta fundación ofrece a jóvenes de entre 17 y 24 años de escasos recursos económicos.

Sin embargo, cuando visitó la fundación se le informó que entre los requisitos obligatorios estaba tener residencia o nacionalidad. En los primeros meses, debido al trabajo de su padre en construcción y la precaria situación económica, tuvo que mudarse varias veces hasta que finalmente se establecieron en La Carpio, una comunidad binacional (cohabitada mayoritariamente por personas costarricenses y migrantes o refugiados nicaragüenses) fundada en 1993 y ubicada en el distrito de La Uruca, con una población de 19 035 habitantes, según el Censo de 2011, aunque extraoficialmente se estimada que actualmente esta población aumentó a 50, 000 personas.

Luego de la imposibilidad de acceder a la Fundación Hedwig y Robert Samuel y tras pasar dos años alejada de las aulas, la joven acudió al Liceo Luis Dobles Segreda, en La Sabana, para consultar el proceso de admisión. Sin embargo, el centro educativo exigía un documento de identidad o pasaporte como requisito indispensable.

Debido a que Arinson ingresó a Costa Rica de manera irregular, solo contaba con su acta de nacimiento, documento que resultó insuficiente. “Me dijeron que no podía inscribirme solo con el acta de nacimiento, necesitaba una identificación para poder estudiar, entonces no pude”, lamentó.

Arinson Aldana Valle también le encanta el fútbol, disfruta verlo y también jugarlo.  Fotografía / Onda Local 

En La Carpio, Arinson supo de Casa Ilori de la Fundación Bien de Mujer, un espacio donde se desarrollan programas sociales dirigidos a niñas, niños, adolescentes y mujeres de la comunidad en situación de vulnerabilidad. “Fue una ayuda, me guiaron, porque lo que no tenía era un lugar donde buscar información, donde guiarme, saber qué podía hacer”, comentó Arinson.

Después de la primera visita a Casa Ilori, Arinson se acercó a las oficinas de Migración y Extranjería de Costa Rica para tramitar el carnet de solicitante de refugio y un permiso laboral.

Además, con el acompañamiento de Casa Ilori pudo ingresar al colegio. La psicóloga Ercy Méndez Trejos y directora del programa social y educativo de esta organización relata que “empezamos la búsqueda y hablamos con alguien del Ministerio (de Educación) porque habíamos hecho una denuncia sobre cómo muchos niños son rechazados y no se facilitan los procesos”.

Ercy, agregó que desde Casa Ilori se envió al MEP una lista de niños a quienes apoyan para que puedan ser admitidos en la escuela. “Estos niños están en Ilori, pero no escolarizados porque no encuentran oportunidades. Tuvimos enlaces con gente del MEP, me indicaron con quién hablar y así se pudo matricular.”

En tanto, Arinson finalmente volvió al Liceo Luis Dobles Segreda. “Hasta entonces pude estudiar, fue en 2022, entré a noveno con 16 años porque ya tenía una identificación” cuenta. 

Por su parte Ercy narra que a Arinson el colegio le informó que no podía seguir estudiando en esa institución el siguiente año “porque, aunque todavía no era mayor, se acercaba a la mayoría de edad y el colegio no la podía recibir”. Luego del primer año la joven tuvo que pasar a un Centro Integrado de Educación de Adultos (CINDEA). “Por la edad, ya iba a cumplir 17, no podía estar en un colegio donde la mayoría eran pequeños. Pasé a un CINDEA donde estudié décimo y undécimo”, explica Arinson.

Aunque Arinson tenía una nueva oportunidad para seguir estudiando nuevamente tuvo que cambiar de modalidad tras reprobar dos materias en el CINDEA. Esta vez optó por estudiar un bachillerato por madurez, una modalidad educativa diseñada para personas mayores de 18 años que no concluyeron el colegio, permitiéndoles obtener el título de bachiller en educación media a través de la aprobación de seis materias mediante exámenes.

La joven explica que la modalidad de estudio consiste en que te facilitan los contenidos y la persona puede estudiar en casa, con un profesor o en un colegio privado para los exámenes de español, inglés o francés; estudios sociales, matemática, biología, química o física y educación cívica. “Los exámenes se pagan, son seis materias básicas. Se estudia todo el año y al final son los exámenes. En Casa Ilori me ayudaron a pagar los exámenes porque cada uno vale 8,000 (equivalente a USD 16.63) colones y eran seis (Cerca de USD 100) y no tenía las posibilidades para pagarlos”.

De los seis exámenes Arinson aprobó tres. Este año se prepara para completar los tres restantes y poder culminar su bachillerato, sueña con estudiar una licenciatura en Terapia Física. “Soy resiliente de todo lo que me ha pasado”, expresó la joven.

La lucha de Dalila por darle educación a sus hijos

En otro extremo de La Carpio vive Dalila Germán de 39 años, originaria de Wasaki, un asentamiento indígena miskito ubicado en el municipio de Rosita, en el Caribe norte de Nicaragua. Tiene cuatro hijos, el menor de cinco años y la mayor de 22 años.

Migró a Costa Rica hace cuatro años, narra que cuando decidió traerse a sus hijos al país luchó para que ingresaran a la escuela, pero las puertas no se le abrieron inmediatamente, pese a que llevó las notas académicas. “Pero no estaban apostilladas y no me las querían aceptar”.

Dalila explica que ese trámite además de no poderlo costear no le era posible realizarlo porque implicaba volver a Nicaragua y no podía por su condición de refugiada, tampoco podía acercarse a la embajada de su país. 

Después de dos años y varios intentos para acceder a una escuela, finalmente logró, con el apoyo de una vecina, que uno de sus hijos, ingresara al Instituto Profesional de Educación Comunitaria (IPEC), ubicado en el barrio México, el que ofrece formación técnica y académica para jóvenes y adultos desde los quince años, con jornadas nocturnas. “De ahí me agarraron a los dos chiquitos, me pidieron la apostilla de las notas, pero les expliqué la situación que pasaba y ellos parece que me entendieron y me aceptaron. La única cosa que me pidieron es que, si soy refugiada, si tengo mi carnet. Le dije que sí ya lo tenía eso, vacuna y partida de nacimiento. Eso es todo”.

¿Dónde estudian quienes viven en La Carpio?

En este asentamiento existe una única escuela de primaria llamada Escuela La Carpio, conocida también Escuela Finca La Caja, la que tuvo que ser ampliada y reinaugurada en marzo de 2018.  Al respecto Ercy asegura que, aunque ampliaron la escuela continua sin dar abasto.

“Los chicos van a cuatro escuelas más fuera de la comunidad: El Centro Educativo Ulloa, Escuela Juan Rafael Mora, la Unidad Pedagógica José Fidel Tristán Fernández y Escuela Otto Hübbe. El problema son los pasajes, el Ministerio da becas para el bus en algunos casos” comenta Ercy.

En el caso de secundaria ocurre una situación similar, los jóvenes tras finalizar la primaria, generalmente continúan sus estudios secundarios en centros educativos públicos aledaños a la comunidad, algunos ubicados en La Uruca, Tibás y otras zonas cercanas a San José como el Liceo San José, Liceo Luis Dobles Segreda, Liceo Julio Fonseca Gutiérrez y el Colegio Técnico Profesional de Ulloa.

Algunos estudiantes también asisten al Colegio Técnico Profesional (CTP) de La Carpio, pensado para ampliar la oferta educativa en la zona. “Pero hubo problemas y lo pasaron a Tibás. Los chicos tienen beca y transporte para ir, pero no es suficiente”, advierte Ercy.

Las tutorías académicas en casa Ilori

La misión de Ilori es contribuir a la autonomía de las mujeres y educación de los niños y niñas a través de programas formativos. Fotografía / Onda Local 

En La Carpio, Casa Ilori lleva 16 años trabajando con niñas, niños y adolescentes de la comunidad. Arinson asegura que sin el acompañamiento del personal de esta organización no lo hubiese logrado. “Venía aquí a Casa Ilori a hacer tareas, venía a estudiar. Tenía acceso a las computadoras, ya que no tengo esa facilidad en mi casa de tener internet o una computadora. Aquí siempre he venido a hacer los trabajos o buscar información, tenía acceso a pedir ayuda a algún profesor”.

Ercy define Ilori como un espacio seguro y una alternativa para la niñez y la adolescencia. Actualmente, el programa brinda tutorías académicas, centradas en español y matemáticas a 200 menores. “Creemos que si los niños y niñas desarrollan bien sus habilidades y destrezas en estas materias podrán abordar temas como estudios sociales y ciencias solos” asevera la psicóloga, quien también refiere que desde Casa Ilori se hace énfasis en que la niñez atendida aprenda bien los contenidos básicos, entre los que mencionó, la comprensión lectora, la producción de texto y la resolución de problemas matemáticos.

 “Además, tenemos otro espacio muy importante que es la parte de socialización, el desarrollo del manejo de las emociones y habilidades blandas. Todo eso lo hacemos a través de talleres artísticos, de música, movimiento y arte” destacó.

La barrera del idioma, un desafío por superar

Ercy relata un caso que asistió en Ilori. Unas gemelas nicaragüenses de la etnia miskita que no hablaban español y la mamá tampoco se comunicaba fluidamente. “Del Ministerio dijeron que habían hablado con la mamá y que ella dijo que "no quería". Sin embargo, cuando Ercy conversó con la mamá de las niñas se enteró que no había entendido las indicaciones y pensaba que sus hijas tendrían que estudiar lejos de la comunidad. “La mamá no tenía posibilidades de mandar a las niñas a una escuela que no conocía, sin papeles y sin dinero para pasajes”, puntualizó.

La directora del programa señala que, gestionó una reunión con la escuela de La Carpio para que las integraran. “Las habíamos acompañado un año con tutores personalizados para introducirles vocabulario y enseñarles a comunicarse a través del juego. Logramos escolarizarlas y han avanzado un montón” celebró.

Por su parte, María Fernanda Ruiz Mora, asegura que “la información y la educación les transforma la vida a los chavalos”.

María Fernanda tiene 31 años, es costarricense y madre de tres hijos. Aunque no terminó la escuela aprendió a leer y escribir. “En mi familia nadie logró sacar la escuela, así que eso era lo 'normal' para mí, pero cuando vi crecer a mis hijos dije: 'mis hijos no pueden replicar esto, tienen que estudiar '”, asegura.

Relata que inició en Ilori por sus hijos, quienes asistían al reforzamiento escolar y los programas que ofrece la Casa, eventualmente se convirtió en voluntaria y ahora se encarga del programa “Espacios Seguros”, impulsado en la organización con el apoyo de UNICEF. Destaca que en el proceso de aprendizaje es importante contar con el apoyo y compromiso de padres y madres.

“La voluntad de los padres y espacios como este pueden cambiar el futuro de alguien. Les digo a las mamás que agarren esto como una escuela. Si no tienen quién los traiga, deben buscar la forma para que el niño no pierda la oportunidad” aconseja.

El proceso de enseñanza costarricense y las barreras para la niñez migrante

La Constitución Política de la República de Costa Rica, así como la Ley Fundamental de Educación y otras leyes, garantizan el derecho a la educación a personas de origen extranjero.

Así lo asevera el asesor nacional de educación intercultural, del MEP de Costa Rica: “todas las personas de origen extranjero que habitan en Costa Rica, sean migrantes regulares o irregulares, solicitantes de refugio o refugiadas, merecen ser atendidas en el sistema educativo costarricense, sin perjuicio de su nacionalidad”.

El funcionario recordó que la Constitución de Costa Rica en su artículo 19, lo establece en su parte inicial: “Los extranjeros tienen los mismos deberes y derechos individuales y sociales que los costarricenses, con las excepciones y limitaciones que esta Constitución y las leyes establecen”.

De igual forma, Pineda hace referencia a la Ley Fundamental de Educación, la que determina en su artículo 1, que “todo habitante de la República tiene derecho a la educación y el Estado la obligación de procurar ofrecerla en la forma más amplia y adecuada. Por lo que se deberá estimular y fomentar en los educandos el aprecio por el ejercicio de los derechos humanos y la diversidad lingüística, multiétnica y pluricultural de nuestro país”.

El funcionario del MEP también se refirió al Código de la Niñez y la Adolescencia, mismo que en el artículo 17, destaca el derecho al resguardo del interés propio de las personas menores de edad de nacionalidad extranjera.

Además, recordó Pineda, que dicho Código, “en el artículo 69 subraya la prohibición de practicar o promover, en los centros educativos, todo tipo de discriminación por género, edad, raza u origen étnico o nacional, condición socioeconómica o cualquier otra que viole la dignidad humana”.

No obstante, la niñez y adolescencia nicaragüense se encuentra una serie de barreras en el proceso de inserción educativa. Algunas de estas barreras están dadas por las deficiencias que traen del sistema educativo nicaragüense, lo que se refuerza por los cambios culturales y de adaptación que enfrentan, y otras resultan de carácter estructural, a veces por la rigidez del sistema, a los que se suman otros factores vinculados a la socialización.

Arinson relata que el inicio de su vida académica en Costa Rica fue compleja. “Me sentí juzgada, me sentía mal, porque la educación es muy diferente. Allá (en Nicaragua) realmente son las materias básicas y religión o inglés, pero aquí no, aquí son 17 materias que yo decía: 'Wow ¿dónde voy a ver tantas materias? No estoy acostumbrada a esto'. Francés. Allá no hay francés. A mí nunca me dieron francés ni en primer año ni en segundo. Aquí vine a ver francés en tercero y los profesores no me tenían paciencia”.

Mientras pasaban los días Arinson se convenció que debía hablar con la profesora y explicarle su situación. “Un día me sentí muy mal, esperé que todos se fueran y hablé con ella: 'Profe, es que estoy apenas en mi primer año estudiando aquí en Costa Rica. Yo nunca he visto francés, tal vez para que usted me tenga un poquito de paciencia'”, le solicitó. 

Después de ese día la joven señala que todo cambió. En el caso de la clase de inglés la profesora adaptó la metodología “empezó a explicarme desde el principio lo básico, porque aquí es súper avanzado; allá yo aprendía los colores, las frutas o los saludos, aquí es el verbo to be y cosas que yo no podía. Me pusieron en adecuación para que me ayudaran otros profesores”.

Las adecuaciones, según el MEP, son modificación, ajuste y apoyo que docente brindan a estudiantes con diferencias en ritmo de aprendizajes, discapacidades o contextos particulares.

En el caso de Dalila, la nicaragüense de origen miskito asegura que sus hijos no hicieron un examen de ubicación para saber si estaban aptos para cursar primero y segundo grado respectivamente. “Como ya habían perdido dos años y para ese grado que iban ya estaban muy grandes me dijeron que los iban a probar. Si pasaban se quedaban sino los tenía que sacar. Ese año pasaron. Ahorita, la niña va para segundo y el otro niño va para tercero”.

La nicaragüense refiere que, aunque sus hijos ya están acostumbrados a la educación que reciben en el país, percibe que es más avanzada en comparación a su país de origen. “Yo miro que es más difícil que allá, las tareas, la disciplina, todo. Pero ahí siguen adelante, no les gusta fallar. El más grandecito, aunque se sienta enfermo siempre quiere ir”.

Dalila y su familia hablan español, inglés criollo y miskito, pero sus hijos pequeños prefieren hablar español porque “les hacen bullying a todos los que hablan miskito”.

Ella cuenta que quiere cambiar la historia de su familia con respecto a la educación que ella y sus cuatro hermanos no recibieron, “no estudié porque mi mamá se quedó sola, entonces no me pusieron a estudiar, éramos pobres, mi mamá no podía comprar un cuaderno o un lápiz.  Por eso mismo lucho para que mis hijos, estudien y salgan adelante”.

Ercy de Casa Ilori asegura que una de las mayores dificultades para la niñez migrante es la adaptación a un proceso educativo nuevo, porque son niños con factores de vulnerabilidad como pobreza extrema, falta de recursos económicos, situaciones de violencia y con poco tiempo para adaptarse. “Como país estamos lejos de hacer una acogida integral, la educación costarricense es un gran desafío. Nuestros libros no están pensados para una comunidad binacional. Teníamos el mito de que eran más nicaragüenses, pero es una comunidad joven y siempre hay un gran porcentaje de migrantes. Debería haber una inducción o preparación” recomienda.

La psicóloga explica que otro factor que se suma a las dificultades de acceso a la educación es la alta fertilidad y la falta de educación sexual y reproductiva en las parejas, lo que genera que muchas mujeres migrantes, terminen llenándose de hijos. “Muchas mujeres tienen muchos niños y no se pueden operar porque no están aseguradas. El sistema solo las atiende en el parto, pero no las opera”, explica Ercy en relación al también reducido acceso a servicios de salud. 

Estrategias para una verdadera inclusión

“Es un tema que no ha sido abordado tan fuertemente. UNICEF tiene "Espacios Seguros" y hace unos años hicieron una propuesta para que los niños tuvieran carnet de estudiante. Hicieron cuadernillos para los chicos en tránsito”, refiere Ercy

Recomienda que una de las iniciativas para la inclusión y la no discriminación sería tener folletos de inducción con comparaciones culturales: "En Nicaragua se dice así, en Costa Rica así. Allá son departamentos, aquí provincias. Allá son chinelas, aquí sandalias. Eso ayudaría a bajar el tono a la desigualdad y la xenofobia”.

Sistema educativo integral, pero falta cobertura

Lourdes Hernández Manzanares tiene 30 años de vivir en La Carpio, explica que desde su experiencia el sistema de estudio costarricense es bueno, porque cuenta con múltiples beneficios como terapias de lenguaje, atención psicosocial, programas de nutrición, educación física, idiomas, además de trabajadora social que ayuda con trámites de becas.

Por otro lado señala que la mayoría de las profesoras son costarricenses, aunque hay sus excepciones, ella conoció a un profesor que era nicaragüense e “inculcaba las raíces nicaragüenses a los niños para que no perdieran su cultura”.

Señala que el único inconveniente que tienen en el caso de la escuela ubicada en La Carpio es el horario, “trabajan en tres turnos: de 7:00 a 10:30, de 11:00 a 2:00 y de 2:00 a 5:00. La escuela que está afuera de Carpio también tiene mucha población de aquí”, refiere Lourdes en relación a que la población estudiantil es grande.

Las guarderías, una opción para que madres puedan trabajar y estudiar

Lourdes trabaja como auxiliar en la guardería “Montessori Jardín de sueños” de Fundación Sifais en La Carpio, una fundación que imparte servicios socioeducativos gratuitos.  

En la guardería reciben a hijas e hijos de madres trabajadoras que necesitan apoyo con el cuido diario. “Me parece una buena iniciativa para mujeres que no tienen con quien dejar a su hijo y ahí tienen una opción para salir a trabajar, a estudiar o hacer otra cosa”.

Lourdes afirma que en la educación que imparten a niñas y niños se implementa el método Montessori, a través del cual les enseñan a ser independientes.

La guardería recibe a niños y niñas de 3 a 6 años en horario de seis de la mañana a seis de la tarde, también se les brinda refrigerios y alimentación. “Atendemos a niños migrantes sin preguntar su condición. Hay dos profesoras con 12 años de experiencia”, comenta Lourdes.

Redes de cuido, otra alternativa

Dayana Venegas, gestora cultural de La Carpio, asegura que otra alternativa que tienen muchas madres para enviar a sus hijos a clase es entrar a una red de cuido que promueve el Instituto Mixto de Ayuda Social ( IMAS). “Usted va al IMAS y dice que ocupa una red de cuido. Hay red de cuido en escuelas privadas y está el Centro de la dirección Nacional de Nutrición y Desarrollo Infantil (CEN-CINAI), que es del gobierno. Si topa con suerte de poder meter a su hijo en la red de cuido privada, le van a dar la educación”.

Para calificar a una red de cuido hay que ser estudiante o trabajar, asegura Dayana. pero en La Carpio se suma otro problema: “Hay demasiada gente. No da abasto la red de cuidos porque es demasiado largo. El IMAS se volvió súper estricto, tenés que tener una entrada de menos de 200,000 colones para calificar como pobreza. Si tenés una entrada de 200,000 y tenés pareja, dicen que con dos salarios pueden salir adelante. El método ahora es para que usted se capacite, trabaje o emprenda; ya no es solo dar, sino que tenés que meterte a estudiar y demostrar que estás avanzando. Si no, te cortan la ayuda” explica, lo que en síntesis dificulta el acceso a este beneficio.

Más de la mitad de los estudiantes extranjeros en situación irregular

Pineda reveló que el 54% de la población estudiantil migrante que atiende el MEP, tiene una situación migratoria irregular, sin embargo, aseguró que desde ese ministerio se trabaja por fortalecer la cultura de regularización migratoria, “es necesario recordar que ninguna persona en el mundo es ilegal”, afirmó.

El funcionario aseveró que “actualmente, para atender a esta población, el viceministerio académico estableció un Equipo de Trabajo Intrainstitucional para la Atención de Personas Estudiantes de Origen Extranjero, en Riesgo de Apatridia y Retornadas”.

Pineda dijo que el propósito de este equipo es “la coordinación de acciones intrainstitucionales, interinstitucionales e intersectoriales para brindar atención integral a las poblaciones de origen extranjero y apoyar a la administración en sus solicitudes en temas relacionados”.

Asimismo añadió que entre las funciones generales de este equipo de trabajo destacan, la coordinación con las distintas instancias centrales la atención focalizada e integral de estas poblaciones; brindar acompañamiento a las instancias regionales en aquellas situaciones que no pueden resolver por sí mismas; dirigir el cumplimiento de acciones, proyectos y compromisos interinstitucionales e intersectoriales con relación a la población estudiantil migrante, así como coadyuvar a la administración en todo aquello que solicite a favor de estas poblaciones.

Capacitación a personal del MEP para mejorar atención a migrantes

De acuerdo al funcionario, los esfuerzos del MEP también están dirigidos a fortalecer las capacidades del personal educativo y de otras áreas, en relación con la atención al segmento de población estudiantil de origen extranjero.

Entre las acciones y logros Pineda resalta capacitaciones y asesoramientos de atención a la población de origen extranjero desde el enfoque de educación intercultural dirigidas al personal del MEP en sus diferentes instancias, así como la elaboración de materiales didácticos o informativos “para que las personas funcionarias del MEP tengan herramientas oportunas para estas personas estudiantes, así como, materiales de apoyo para estas personas estudiantes y sus familias”.

Según Pineda, otro aporte importante es la orientación para la atención de persona estudiantes de origen extranjero no hispanohablantes en el sistema educativo costarricense.

Solo con el trabajo conjunto de la comunidad, padres y madres de familia, las organizaciones civiles que trabajan el tema educativo y las instancias gubernamentales, será posible que la niñez migrante y exiliada pueda superar las barreras para integrarse en el sistema educativo costarricense, de manera que logre su permanencia y culminación de sus ciclos educativos, para acceder a otras oportunidades académicas y laborales que transformen sus vida y les doten de la capacidad de que en un futuro puedan retribuir a la sociedad.

Con es auspicio del Fondo de Canadá para iniciativas locales de la Embajada de Canadá para Costa Rica, Nicaragua y Honduras.

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