El largo y escabroso camino para alcanzar el sueño americano

Hasta 2020, se estimaba que 281 millones de personas vivían en un país distinto a su país natal y de estos casi 59 millones se encuentran en Estados Unidos, un país que desde 1970 se convirtió en el principal destino para migrar, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

La semana pasada autoridades estadounidenses, señalaron que a diario 7,100 migrantes son detenidos mientras cruzan la frontera entre México y Estados Unidos.

La OIM señala que quienes provienen de Centroamérica y se dirigen hacia México entran a este país por Tapachula, una ciudad fronteriza con Guatemala que es considerada una zona de tránsito y estancia temporal. Otro punto de entrada a los Estados Unidos es el puente que une a Ciudad Acuña con Del Río en Tejas, sobre el Río Bravo.

Melina y Rodrigo son migrantes nicaragüenses, abandonaron el país en la búsqueda de conquistar el sueño americano, mejorar su situación económica y acceder a nuevas oportunidades, por eso arriesgaron lo poco que tenían, enfrentaron sus mayores miedos y desafiaron su propia vida.

Antes de las protestas de abril de 2018, Melina vivía en Nicaragua y estudiaba en la Universidad Nacional Agraria (UNA) tras la represión hacia estudiantes y personas autoconvocadas por parte del régimen de Daniel Ortega, decidió irse a Panamá donde trabajó como niñera hasta abril de 2021.

Durante tres años permaneció en Panamá, pero su situación económica se complicó por lo que se planteó buscar otras oportunidades de trabajo en otro país. Cuenta que en una ocasión recibió un mensaje en TikTok de una persona desconocida, “me dijo que me iba a depositar 500 dólares para que cumpliera mi sueño americano y desde ahí se me metió que quería irme, pero mi familia empezó a sospechar y no les parecía la idea”.

Con el tiempo, su familia decidió apoyarla e hicieron que Melina no aceptara el dinero que le ofrecía el desconocido, tiempo después se enteró que era un tratante de personas que operaba en México y su forma de captar chavalas es a través de redes sociales.

Con el apoyo de su familia regresó a Nicaragua en junio de 2021, tramitó sus documentos, arregló su maleta y se preparó para el viaje, “hasta pastillas llevaba porque me dijeron que debía estar prevenida por si ocurría algo en el camino. Yo iba confiada porque quien iba dirigiendo el viaje era una persona conocida, el coyote me cobró 5,000 dólares y el viaje estaba programado para llegar el 28 de septiembre”.

Melina cuenta que al inicio ella veía que toda era fácil y tenía el presentimiento que no tendría una mala experiencia. Viajó durante dos días en bus desde Nicaragua hasta Guatemala “pasábamos rápido por los lugares, dormimos en Honduras durante cinco horas en un hotel, yo me acuerdo que en ese entonces para entrar a ese país, vos tenías que presentar la prueba de la Covid, yo la había pagado a tiempo, hubo gente que no y entonces decidieron llevárselos por el monte”.

Hasta ese momento Melina confiesa que todo iba bien, pero al llegar a Guatemala las cosas cambiaron y quien los recibió era el coyote que los iba a pasar a los Estados Unidos. “En Guatemala nos detuvieron y empezaron a revisar todo, la policía quería soborno y nos pidieron dinero, les tuvimos que dar, pero no mucho porque no andábamos. Yo llevaba como 500 dólares escondidos entre las suelas de los zapatos, la maleta y el pantalón”. Fue así como Melina logró continuar con el viaje y pagó lo que le pedían.

Cuando Melina y el grupo de migrantes llegaron a la frontera de México, la situación empeoró porque al coyote lo metieron preso. Mientras el coyote estaba preso, las personas tuvieron que esperar tres días en un hotel y pagaron más dinero para continuar, “todo se vino abajo, nos pasaron en una especie de canopy para atravesar un monte, viajamos en un mototaxi, un bus y un carro, en ese camino nos dimos cuenta de que la policía de México estaba comprada y nos dejaron pasar por dinero”.

Melina narra que en el grupo iban varias mujeres y entre ellas algunas menores de edad. Una noche durante el trayecto, quienes iban dirigiendo el viaje seleccionaron a las mujeres. “Yo iba con un familiar y lo que hicieron fue que me separaron de él, lo mandaron a la casa del nuevo coyote y a mí me enviaron a un hotel junto con otras dos muchachas, nos drogaron y su objetivo era abusar sexualmente de nosotras”.

El nuevo coyote que dirigía al grupo de migrantes los llevó hasta una camioneta en la que continuarían el viaje, “íbamos varias personas como hormigas, unas encima de otras, pasamos así durante cuatro horas aguantando las ganas de orinar, pero esa camioneta iba veloz. Después nos trasladaron a una lancha, navegamos dos horas en medio de la nada”, relata.

Hasta este momento Melina iba con la misma ropa, caminó descalza debajo del sol a través del monte, el río y sin tomar agua. La única orden que recibían era seguir a la persona que iba encabezando el grupo, les habían informado que cuando llegaran al río les estarían esperando varios taxis. “En el taxi viajamos como media hora hasta llegar a un hotel donde nos daban dos tiempos de comida, dormíamos en el piso porque habían dos camas para un montón de personas, duramos dos días hasta llegar a Huatulco”.

Melina cuenta que antes de viajar a Tijuana, en Huatulco estuvieron dos días y en ese tiempo los coyotes les nos gestionaron papeles para continuar con la travesía. En Tijuana, las condiciones para el grupo de migrantes no fueron diferentes. “Juntamos unos sillones para que los niños pudieran dormir, había una cama, pero éramos más de 18 personas”.

El 28 de septiembre de 2021, Melina y el resto del grupo se entregaron a las autoridades de Migración.

La lista de espera a un paso de los Estados Unidos

El grupo de migrantes ahora en territorio estadounidense entregan sus documentos personales, “nos montaron en una patrulla para llevarnos a Phoenix Arizona y nos llevaron a la Hielera”, Melina le llama así a este lugar por las bajas temperaturas.

Mientras Melina esperaba ser llamada por las autoridades, observó que en este lugar no son respetados los derechos humanos de las y los migrantes. “Me tomaron huellas, me metieron en un cuarto donde hacía más frío, ahí me dijeron que buscara un lugar en el piso helado; muchas de las personas que estaban ahí, tenía entre 15 y 20 días de estar esperando, la gente lloraba, había mujeres embarazadas con problemas y sin atención médica; se siente horrible porque te discriminan, no nos quieren, son racistas”, señala Melina.

Así vivió durante cuatro días, hasta que mencionaron su nombre. “Cuando al fin me llamaron nos dieron las maletas, nos hicieron varias preguntas y nos montaron en un bus en el que viajamos durante seis horas, recorrimos varios Estados porque nos dejaban en distintos lugares”.

Melina fue entregada en Tucson, aquí le hicieron una entrevista donde le preguntaban las razones por las que había llegado a ese país. Menciona que la única persona que le brindó apoyo fue un policía dominicano.

En Nicaragua, la familia de Melina desconocía su situación. Cuando llegó a Tucson, las autoridades le ordenaron usar uniforme de presa. “Yo estuve con una compañera de celda durante 12 o 13 días, ahí solamente nos dejaban tomar el sol durante 20 minutos, en ese tiempo no me podía comunicar con nadie, si vos te quejas te dejan más tiempo encerrada, ahí había gente que tenía entre 3 y 6 meses”.

Con el pasar de los días, Melina finalmente salió de la cárcel y logró comunicarse con su familia, quienes le compraron un boleto para viajar hacia San Francisco.  Ahora debe enfrentar un proceso judicial por haber ingresado al país de forma irregular. “Ya tuve una cita en diciembre y enero, el 01 de junio de este año tengo que ir a la Corte en Los Ángeles, lo que quiero es conseguir mi permiso de trabajo”.

El deseo de Melina aún no está cumplido, ella es consciente que donde vive es un país con muchas oportunidades, su principal meta es estudiar y salir adelante. “Yo lo único que quiero es que cuando todo acabe en Nicaragua, regresarme, no me quiero quedar aquí toda la vida, sólo quiero prepararme”, enfatiza.

Según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés) entre enero y febrero de 2022, detuvieron a 24, 992 nicaragüenses. Esta cifra crece, con el paso de los días.

Rodrigo, también tomó la decisión de irse a Estados Unidos, a raíz de las protestas de abril de 2018. “Aquí se puso bastante difícil la situación económica y a nivel de trabajo, decidí buscar nuevos horizontes para tener mejores ingresos. Pero el viaje, sin papeles no es fácil”.

Rodrigo gestionó su pasaporte en Nicaragua y decidió salir por la zona de el Guasable, “me fui por medio de una excursión, contraté los servicios y ese bus me llevó hasta el centro de Guatemala, en todo ese trayecto, lo que debíamos presentar era pasaporte o cédula, pasamos legales. Salimos a las ocho de la mañana y llegamos a las dos de la tarde, ese día nos quedamos en un hotel y al día siguiente emprendí mi viaje, iba acompañado de mi primo”.

Rodrigo y su primo, habían pagado a un coyote la cantidad de 1,000 dólares, pero este nunca llegó a Guatemala donde habían acordado encontrarse. “Nos mandó una señora y nos engañó, porque nos logró pasar de Guatemala a Tapachula que es el estado de Chiapas, llegamos de tarde y nos hospedamos en un lugar, al día siguiente nos fuimos en un microbús que te va pasando de estado a estado son como los interlocales. Esa señora nunca nos dijo que si la policía nos agarraba nos podía deportar como se miró con el dinero en la bolsa, prácticamente nos pasó entregando porque estábamos saliendo de Chiapas cuando migración nos detuvo”.

Migración solicitó a Rodrigo y su primo, presentar un permiso para circular en México como estos no lo tenían fueron encerrados en un calabozo, “nos hicieron un papeleo y nos regresaron al Centro Migratorio de Tapachula ahí estuvimos como una semana mientras llegaba la Cónsul para retornarnos al país. En México si vos querés podés pedir ayuda humanitaria y te la dan sino ellos te retornan, cabe destacar que si querés continuar el proceso para quedarte tenés que hacerlo desde la cárcel hasta que te emitan una resolución”.

La búsqueda de una segunda oportunidad

Mientras Rodrigo y su primo son deportados para Nicaragua, estos se preparan para una nueva travesía. “Al día siguiente de haber regresado a Nicaragua volví a tomar la misma decisión, pero esta vez sí llegué más lejos porque casi estábamos buscando la zona fronteriza de Heroica Matamoros que colinda con McAllen, este segundo viaje lo iniciamos con quien le hicimos el depósito la primera vez, pero sólo nos asesoró por llamada y su consejo fue que debíamos rodear los puntos migratorios”

Rodrigo debía bajarse del bus y atravesar estos puntos caminando por la montaña, su mayor preocupación es que acechan secuestradores y narcotraficantes. “Lo que hacíamos, era que hablábamos con el chofer y él nos bajaba en una zona donde no estuviera migración, él más o menos nos indicaba el camino que podíamos tomar. Una de esas veces, nos encontramos con personas que nos dieron agua, nos dijeron que les podíamos pagar y ellos nos podían pasar en moto para que no fuéramos caminando, así pasamos”.

Nuestro entrevistado comenta que en la zona recorrida viajan buses Marcopolo, pero estos no te apoyan si se enteran que sos migrante, porque deben detenerse en los retenes y nos les importa protegerte. “Por eso nosotros viajábamos en esos microbuses pequeños hasta Tamaulipas donde tuvimos que abordar uno de estos buses grandes y ahí fue que nos detuvieron en una base militar, nos hicieron bajar y al subir ya estaba migración ahí pasamos más tiempo para volver a Nicaragua, estuvimos una semana presos y después llegamos hasta Tapachula en donde nos retuvieron 15 días más”.

El sueño americano es como una ruleta para los migrantes, una apuesta en la que se juegan la vida para atravesar un camino desconocido, un camino que deben recorrer una vez en la vida para llegar a su nuevo destino, en ese recorrido hay muchas personas que como Rodrigo deben retornar a su país, a la espera de otra oportunidad.

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