Ocho años de impunidad y resistencia: Madres nicaragüenses conmemoran la "Masacre del Día de las Madres"
- 31 May 2026
- 8:05 p.m.
- San José, Costa Rica
El 30 de mayo de 2026 marca el octavo aniversario de la "Masacre del Día de las Madres" en Nicaragua. Lejos de ser un día de celebración, esta fecha evoca una de las expresiones más crueles de la violencia policial y paramilitar ejecutada contra el pueblo nicaragüense desde el estallido social de abril de 2018. Frente a una impunidad que persiste, las madres exiliadas y familiares de las víctimas continúan alzando la voz para exigir justicia, transformando su dolor en una denuncia sostenida contra la impunidad y el olvido.
Azucena López García, integrante de la Asociación Madres de Abril (AMA), recordó que en junio de 2018 la brutal represión de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo llevó a las madres a declarar el 30 de mayo como Día de Duelo Nacional, una conmemoración que sostendrán hasta que se alcance la justicia. En un intento por invisibilizar lo sucedido, el régimen de Ortega y Murillo decretó posteriormente esa fecha como feriado nacional.
Aquel fatídico Día de las Madres, miles de nicaragüenses se desbordaron en las calles de Managua y otras ciudades como Masaya, León y Matagalpa para respaldar a las mujeres que ya habían perdido a sus hijos en las primeras protestas de abril de 2018. Sin embargo, ese acto de solidaridad culminó en una nueva y sangrienta oleada de represión. Al menos, 19 personas, en su mayoría jóvenes, fueron asesinados ese día.
El dolor en la ciudad de Masaya une los destinos de Candelaria Díaz y Azucena López; dos madres marcadas por la misma tragedia y una idéntica determinación. La violencia estatal les arrebató a sus hijos en 2018, y desde entonces, el camino por encontrar justicia ha sido el mismo.
Para Candelaria Díaz, el calvario comenzó el propio 30 de mayo de 2018 con el asesinato de su hijo, Carlos Manuel Vázquez Díaz. Además de lidiar con la pérdida, tuvo que enfrentarse a la indiferencia del Estado. Recuerda con indignación cómo, al intentar interponer la denuncia ante la Fiscalía nicaragüense, las autoridades pretendieron desestimar el caso argumentando que esos crímenes "no eran válidos". “Claro que eran válidos porque eran seres humanos”, sostiene Candelaria, rechazando el desprecio institucional.
Ese intento por deshumanizar a las víctimas no se limitó a las instituciones públicas, sino que formó parte de una narrativa oficial que buscaba criminalizarlas. Sin embargo, Candelaria desmiente esas versiones: "Hablaban de que ellos eran pandilleros... todos eran estudiantes y trabajadores".
Carlos Manuel, su único hijo, tenía 28 años y trabajaba en una empresa de zona franca en Nindirí para sacar adelante a su familia. “Él luchaba por la vida. Tenía que mantener a una niña de siete años y dejó otra de dos meses”, asegura su madre, retratando el vacío que dejó en su hogar.
Apenas unas semanas después, el 17 de julio de 2018, la violencia volvió a golpear Masaya, alcanzando esta vez el hogar de Azucena López con el asesinato de su hijo, Erick Antonio Jiménez López. El paso del tiempo no ha aminorado el impacto de ese golpe.
"Siento siempre el mismo dolor desde el primer día en que me asesinaron a mi hijo", relata Azucena, reflejando una herida que permanece intacta tras ocho años de impunidad.
Hoy, las voces de Candelaria y Azucena se unen en la búsqueda de justicia. La negativa de las autoridades y el intento de sepultar la verdad solo han afianzado la promesa que ambas se hicieron de no darse por vencidas.
“Siempre seguiré exigiendo justicia, las madres no nos rendimos. Las madres exigimos justicia por cada hijo asesinado, por cada hijo desaparecido. No nos vamos a cansar de seguir exigiendo justicia sin impunidad”, sentencia Azucena.
La lucha desde el exilio y la persecución
La Asociación Madres de Abril (AMA), en conjunto con sobrevivientes, familiares de víctimas personas exiliadas y organizaciones de derechos humanos, mantiene la memoria histórica y la documentación de los hechos como los pilares fundamentales de su resistencia. A ocho años de la masacre, denuncian que los responsables materiales e intelectuales de estos crímenes de lesa humanidad siguen sin rendir cuentas ante los tribunales.
El costo de exigir la verdad ha sido devastador. Las víctimas y sus familias enfrentan un patrón de hostigamiento sistemático que incluye el exilio forzado, la persecución judicial, la vigilancia policial, la discriminación y el despojo arbitrario de la nacionalidad nicaragüense.
Sin verdad y justicia, no hay reconciliación
A pesar de la adversidad, las madres se niegan a ser silenciadas. "Ninguna estrategia de silencio, miedo o represión podrá borrar la verdad sobre lo ocurrido", sostienen.
Este 30 de mayo se erige no solo como una jornada de luto, sino como un símbolo de dignidad, resistencia y memoria colectiva.
Las madres expresaron su profundo agradecimiento por la solidaridad constante de la diáspora, el periodismo independiente y las organizaciones defensoras de los derechos humanos. En este octavo aniversario, el mensaje de las familias es claro:
"No habrá reconciliación posible sin verdad, justicia y garantía de no repetición". Las madres no se rinden, exigen justicia.