¡Abril vive! La lucha por la justicia, la democracia y la libertad sigue
- 19 Abr 2026
- 8:10 p.m.
- San José, Costa Rica
Con una jornada cultural, la feria de Mujeres Pinoleras y una misa oficiada por el padre Rafael Aragón, la comunidad nicaragüense en el exilio conmemoró en Costa Rica el octavo aniversario de la insurrección cívica contra la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
Son ocho años de resistencia nicaragüense y de una inquebrantable demanda por la libertad y la democracia, aseguró Lludely Aburto, integrante de la Articulación de Movimientos Sociales (AMS). Además, recordó que el estallido social de abril de 2018 representó un profundo sacrificio para la población de Nicaragua, marcando una etapa de luto en la búsqueda incesante de paz y justicia.
Aburto rindió homenaje a la memoria de las más de 355 personas que perdieron la vida en las calles nicaragüenses por ejercer su derecho a la protesta. Según detalló, estas muertes fueron perpetradas por grupos paramilitares, efectivos policiales y personal del ejército vestido de civil; una brutalidad documentada por organismos como el Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua (GHREN).

Además de las víctimas mortales, la represión ha forzado a una cantidad sin precedentes de personas a abandonar su patria. La conmemoración reunió a quienes viven en el exilio, firmes en su propósito: "Seguimos luchando porque el régimen Ortega-Murillo se vaya del país", afirmó.
Aburto resaltó cómo la bandera azul y blanco pasó de ser un símbolo patrio a un objeto de persecución, lo que refleja una dramática criminalización de la identidad nacional. Un corazón azul y blanco bordado puesto sobre su pecho simboliza los colores nacionales que, tras los sucesos de 2018, cobraron un significado de resistencia vital, convirtiéndose paradójicamente en un "símbolo prohibido".
En la Nicaragua actual, el simple acto de mostrar la bandera es motivo de encarcelamiento. Aburto denunció que muchas personas jóvenes fueron secuestradas en las calles y arrojadas a las "mazmorras" del régimen únicamente por portar los colores patrios. Para la diáspora, ese corazón azul y blanco representa la añoranza de que su bandera vuelva a ser un emblema de unión y no un motivo de represión.
Aburto reconoció la extrema dificultad de enfrentar a un régimen que utiliza las armas para amenazar y controlar diariamente a la población. No obstante, su testimonio es un ejemplo de resiliencia: a pesar del silencio impuesto por el oficialismo, la ciudadanía continúa diciendo "basta ya". Tanto dentro del territorio como desde las difíciles condiciones del exilio, miles de personas levantan la bandera con dignidad, demostrando que "hay un pueblo que lucha".
La verdad no se negocia ni se silencia: El clamor por la justicia y el retorno seguro a Nicaragua
Por su parte, Juan Diego Barberena, en representación de un grupo de organizaciones civiles nicaragüenses, leyó una proclama en la que exigió memoria, justicia y libertad para Nicaragua. En su intervención, Barberena rindió homenaje a las personas que se levantaron con valentía para defender su derecho a decidir el destino del país, al tiempo que expresó su solidaridad con las familias de las víctimas de la represión transnacional y de las graves violaciones a los derechos humanos.
Justicia sin impunidad: un requisito para la transición
El mensaje leído por Barberena es categórico al afirmar que no podrá existir una verdadera transición política en Nicaragua sin el esclarecimiento de los hechos, el reconocimiento de las víctimas y la sanción a quienes resulten responsables.
"La verdad no se negocia ni se silencia", dijo Barberena, calificándola como un derecho de la población y una deuda histórica frente a un pasado marcado por la violencia y la impunidad.
En este sentido, enfatizó la urgencia de establecer garantías de no repetición para asegurar que, en el futuro, el miedo no sustituya a la esperanza ni la voz de la ciudadanía sea nuevamente reprimida.
Libertades fundamentales y el fin del exilio forzado
La reivindicación de los derechos humanos fue el eje central del mensaje. Barberena exigió el respeto absoluto a la libertad de pensamiento, expresión, organización, disenso y movilización. Como parte de esta demanda, urgió la liberación inmediata e incondicional de todas las personas presas políticas, sin distinción de ideología.
Asimismo, abordó la dramática situación de la diáspora nicaragüense, proclamando el derecho irrenunciable de quienes viven en el exilio a un retorno seguro. Según sus palabras, ninguna transición democrática podrá considerarse legítima ni completa mientras miles de compatriotas permanezcan privados del derecho a regresar a su patria sin temor a represalias.
Una democracia auténtica y plural
El representante opositor denunció que el Estado de derecho ha sido "abolido por la tiranía Ortega-Murillo" y apostó por la reconstrucción de instituciones que protejan la vida y respondan al mandato de la ciudadanía. Subrayó la necesidad de instaurar una democracia auténtica, participativa y plural, que garantice la separación de poderes y la celebración de procesos electorales libres y transparentes.
Barberena finalizó su declaración con un firme mensaje de resistencia: "Abril nos convoca, nos llama a no olvidar, a no rendirnos, a no claudicar", reafirmando así el compromiso con quienes ya no están, con quienes resisten desde el interior y con quienes anhelan volver a una Nicaragua libre.
Abril vive: La homilía del padre Rafael Aragón por una Nicaragua justa y democrática
En su homilía, el padre Rafael Aragón instó a la población nicaragüense a mantener viva la utopía y a seguir soñando con un país «más justo, libre y democrático». El religioso enfatizó que una nueva Nicaragua solo será posible si el análisis de la realidad está inspirado en un «profundo humanismo» y advirtió que la transformación social requerirá la participación responsable de toda la ciudadanía.
Aragón lanzó una fuerte crítica a la retórica oficial de Daniel Ortega y Rosario Murillo, señalando que no basta con hablar diariamente de «paz y amor» a través de los medios estatales si, en la práctica, no existen hechos concretos que respeten la vida, la libertad y la dignidad de quienes mantienen una postura crítica o distinta. Citando al Papa Francisco, recordó que «la unidad es diversidad en armonía», subrayando que todas las personas están llamadas a formar parte de una sociedad justa dentro de la pluralidad de ideas.
El sacerdote también cuestionó duramente las estructuras de poder y la desigualdad económica. Afirmó que una sociedad organizada para que pocas personas acaparen la riqueza, mientras la mayoría de la población sufre limitaciones para disfrutar de una vida digna, definitivamente «no puede llamarse una sociedad cristiana, socialista y solidaria». Además, advirtió que las soluciones no vendrán de las élites ni de los sectores poderosos de este mundo, cuyas políticas calificó de «discriminatorias e inhumanas», ni caerán del cielo como un milagro portentoso.
Para cerrar su mensaje, el padre Aragón evocó la memoria de las protestas ciudadanas con un firme mensaje de resistencia y esperanza: «Abril vive porque vive en la memoria y en la fe del pueblo y con la fuerza de Dios». Con esta convicción, aseguró a quienes le escuchaban que Nicaragua volverá «a ver días de justicia y de paz».
El clamor de las Madres de Abril contra la impunidad en Nicaragua
La memoria se resiste al olvido. Los testimonios de madres y familiares de las víctimas de la represión estatal de 2018 dan rostro a una demanda que, en este 2026, sigue siendo el pilar de la resistencia: la justicia no es negociable.
Para Candelaria Díaz, madre de Carlos Manuel Vásquez Díaz, uno de los jóvenes asesinados en Masaya el 30 de mayo de 2018 durante la represión estatal, el camino hacia la verdad ha estado marcado por la violencia institucional. Al intentar buscar respuestas en la Fiscalía nicaragüense tras el asesinato de su hijo, se enfrentó a un sistema diseñado para proteger a quienes perpetraron los crímenes.
«Me dijeron que esos crímenes no tenían validez», relata Candelaria.
Su respuesta ante las autoridades policiales fue un recordatorio de la dignidad humana que el régimen intenta borrar:
«Yo le decía que cómo no iban a tener validez si mi hijo era un ser humano».
Su testimonio refleja el colapso del Estado de derecho, donde las instituciones han sustituido la protección ciudadana por un pacto de impunidad.
AMA: Una ruta de memoria y resistencia legal
En esta misma línea de resistencia, la Asociación Madres de Abril (AMA) ha mantenido una lucha técnica y simbólica sin precedentes. Azucena López, integrante de la organización, alzó la voz en representación de las madres que permanecen dentro de Nicaragua y a quienes el régimen ha arrebatado el derecho a la palabra.
López denunció que la administración Ortega-Murillo ha transformado la impunidad en una estructura de Estado, resguardada por un control policial diseñado para silenciar a la población. Pese a ello, AMA ha documentado una hoja de ruta de acciones legales que incluye:
- Demandas de imparcialidad: Plantones ante la Fiscalía desde abril de 2018.
- Recursos legales: Impugnaciones contra la Ley de Amnistía (Ley 996), la cual consideran un mecanismo para «legalizar» la falta de castigo.
- Denuncias internacionales: Presencia constante ante la CIDH y las Naciones Unidas para documentar crímenes de lesa humanidad.
El arte como trinchera contra el olvido
Más allá de los juzgados, la Asociación ha apostado por la cultura como herramienta de supervivencia. Con la creación del espacio «Ama y no olvida, Museo de la Memoria contra la impunidad» y la publicación de libros de arte interactivos, han logrado que la historia de las más de 355 víctimas mortales recorra el mundo.
«No hay salida democrática ni paz duradera sobre la base de la impunidad», sentenció López. Para la organización, cualquier intento de reconstrucción nacional debe pasar por el reconocimiento de la verdad y la reparación integral para las familias afectadas.
Con la mirada puesta en la comunidad internacional, las personas exiliadas en Costa Rica esperan que este año se endurezcan las acciones diplomáticas y judiciales contra los responsables de la represión. Mientras tanto, se refugian en la fe y en la convicción de que la verdad saldrá a la luz.
El mensaje del octavo aniversario de abril es claro: mientras no exista justicia para cada persona asesinada, la ciudadanía nicaragüense —dentro y fuera de sus fronteras— no dejará de elevar su voz por el derecho a la verdad y a un retorno con garantías a su patria.