William González Guevara en Víznar: Cuando la poesía nicaragüense abraza la sombra de Lorca
- 07 May 2026
- 9:50 a.m.
- Víznar, Granada, España
El poeta nicaragüense William González Guevara une las heridas de Centroamérica con la memoria de García Lorca en un emotivo encuentro en el FIP de Granada.
"Han desaparecido sus huellas dactilares por el hipoclorito de sodio, la lejía. Una mujer sin nombre que rebusca devastada su propia identidad”.
William González
Con estos versos, el joven nicaragüense William González Guevara inauguró su intervención este martes 5 de mayo en el municipio de Víznar, Granada, España. En el marco del Festival Internacional de Poesía (FIP), el autor dialogó con el poeta Gerardo Rodríguez Salas en una jornada donde la memoria histórica y la violencia contemporánea se entrelazaron bajo el sol andaluz.

El encuentro se desarrolló en un ambiente de conexión con la naturaleza, al aire libre y al amparo de un árbol frondoso que servía de refugio contra el sol de la tarde. El escenario, sin embrago, contrastaba con la paz del entorno: La Colonia del municipio de Víznar, un antiguo cortijo que durante la guerra civil española fue una prisión encubierta donde miles de personas, incluido Federico García Lorca, pasaron sus últimas horas antes de ser fusiladas en los barrancos cercanos. Para González Guevara, estar en este sitio fue especial, sintiendo que su palabra dialogaba con la violencia que aún impera.
La poesía como herramienta de reparación
La organización del FIP busca, al llevar la poesía a estos espacios, generar un diálogo necesario con la historia.
"Creo que William y Federico, en ese sentido, están unidos precisamente por la poesía como arma de reparación y retribución y justicia", afirmó Rodríguez Salas, subrayando que la palabra es la única alternativa frente a la violencia que "contamina los suelos".
González Guevara, nacido en Nicaragua en el año 2000 y emigrado a España a los 11 años, es hoy una de las voces más potentes de la lírica centroamericana. Cuenta con galardones prestigiosos como el Premio Hiperión y el Premio Espasa de Poesía por su obra Cara de crimen. Durante el evento, el autor reivindicó su identidad mestiza y periférica: "Yo no soy madrileño, yo soy carabanchelero", declaró en referencia a su barrio en el sur de Madrid.
De las pandillas a las letras: un destino truncado por el amor
La historia de William es un relato de supervivencia que conmovió a quienes asistieron en Víznar. El poeta confesó que su destino original no eran las letras, sino la delincuencia en las calles de Managua.
"Yo no estaba destinado a estar aquí con vosotros, estaba destinado a matar gente, a ser un sicario", reveló con crudeza, explicando que su familia estaba vinculada a los Sumis, una pandilla fundada por sus propios primos.
A los siete años, William presenció su primer asesinato: un pandillero cuya cabeza fue destrozada con un adoquín. Esa escena, que describió como macabra, lo marcó de por vida y se convirtió en el germen de su poesía de denuncia.
"Normalizar la violencia... es algo que está sucediendo y me preocupa mucho", señaló, comparando sus vivencias infantiles en Nicaragua con los brotes de violencia que observa actualmente en los barrios obreros de España.
Sin embargo, el curso de su vida cambió gracias a la determinación de su madre, quien abandonó un puesto administrativo en Nicaragua para trabajar limpiando casas en España. El poeta recordó cómo ella hacía horas extras en el sector de la limpieza para comprarle los libros que él tanto anhelaba. "Mi madre lo evitó vistiendo mi niñez con libros, poemarios y novelas", recitó William, asegurando que él es la prueba viviente de que los libros salvan vidas.
La palabra como amenaza y refugio
Su más reciente libro, Cara de crimen, es el resultado de cinco años de investigación en los que se adentró en Centroamérica para entrevistar a sicarios y pandilleros. González Guevara relató momentos de extrema tensión, como cuando un entrevistado apoyó una pistola cargada sobre la mesa, apuntando directamente a su corazón. "Tenía miedo, pero eso era algo pendiente desde que era niño", explicó, subrayando que su objetivo era buscar la parte humana detrás de esas infancias rotas.
El autor rechazó convertir estas experiencias en titulares amarillistas, optando por la sustancia poética para dar voz a las historias invisibles. Durante el recital, dedicó versos a mujeres víctimas de la violencia de las maras, como en su poema "Útero gangrenado", inspirado en una mujer guatemalteca que decidió abortar tras ser violada por pandilleros. Para William, la poesía debe ser emoción y no solo un artefacto lingüístico.
La situación política de Nicaragua también estuvo presente, dado que el poeta tiene prohibida la entrada a su país por el régimen de Daniel Ortega. González Guevara denunció que sus libros entran de forma clandestina a través de las fronteras, transportados por jóvenes que arriesgan su libertad. "Hacer un acto como este en Nicaragua... iríamos todos a la cárcel", advirtió, destacando que para la dictadura la palabra es vista como una amenaza directa.
El poeta reflexionó sobre el respeto casi sagrado que existe hacia la cultura en los lugares más insospechados. Relató que en los barrios marginales de Centroamérica existe un pacto no escrito: no se puede matar a nadie en la calle donde hay una biblioteca. "La biblioteca se convierte en escudo antiviolencia, refugio de los nadies soñadores", leyó de su poema "Biblioteca antiviolencia", reafirmando el papel de la cultura como resistencia ética.
El encuentro en Víznar cerró con una declaración de principios, "Ojalá poetas como ustedes yo pudiera cantarle a la alegría... y no al horrendo machetazo... ni al pandillero que pude haber sido", concluyó William González Guevara. Así, en la tierra donde Lorca perdió la vida, un joven nicaragüense encontró en la palabra la forma de recuperar la suya y de honrar la memoria de quienes ya no tienen voz.
William González en el FIP: "Nuestro petróleo es un poeta llamado Rubén Darío"
La voz de William González Guevara se ha consolidado como un testimonio imprescindible para descifrar la Nicaragua actual a través de la lírica. El joven poeta y periodista (nacido en el año 2000) aprovechó su intervención en la XXII edición del Festival Internacional de Poesía de Granada (FIP) para visibilizar las fracturas de una patria que, en sus propias palabras, "nació herida".
Durante su alocución, González denunció la persecución que sufren los creadores en Nicaragua. El autor fue enfático al señalar que el país centroamericano "atraviesa una dictadura donde este tipo de actos están penados con cárcel", haciendo referencia directa a los encuentros donde la palabra libre es la protagonista.
La palabra bajo asedio
El poeta dedicó sus versos a todas las personas nicaragüenses que resisten desde dentro y fuera del país, mencionando a figuras como Patricia Orozco y Tamara, a quienes definió como parte del corazón comunicativo de la resistencia. Para él, escribir es un deber de memoria hacia quienes lo hacen de forma clandestina bajo el asedio del régimen.
González Guevara resaltó la labor heroica de la juventud nicaragüense que desafía la censura oficial. Relató que existen jóvenes de entre 18 y 20 años que están "jugándose la vida pasando de Costa Rica a Nicaragua novedades literarias", en un acto de contrabando cultural necesario para mantener vivo el pensamiento crítico.
Esta censura le afecta de manera personal, ya que el autor confirmó que se encuentra vetado por las autoridades de su país. A pesar de esto, compartió conmovido que su obra Cara de Crimen logró ingresar ilegalmente a territorio nicaragüense hace apenas unos meses gracias a la valentía de sus lectores.
El "petróleo" de la resistencia
En un análisis sobre la relevancia de su nación en el tablero geopolítico, González lanzó una de sus frases más potentes. Afirmó que, a diferencia de otras naciones, "nuestro petróleo es un poeta que no es poco, se llama Rubén Darío", aunque lamentó que ese tipo de queroseno no despierte el interés de las potencias internacionales.
Fue precisamente en la XXII edición del Festival Internacional de Poesía de Granada, España (FIP) donde estas declaraciones cobraron una relevancia. El evento, consolidado como un epicentro literario internacional, permitió que la denuncia de González resonara ante una audiencia diversa y comprometida.
El FIP propició un espacio de polifonía donde la trayectoria de González Guevara, a pesar de su juventud, fue destacada por su madurez expresiva y su capacidad para diseccionar realidades sociales complejas. En este marco, se reconoció su labor defensora de la memoria y la inclusión, avalada por premios como el Espasa es Poesía.
Más allá de la política, el poeta compartió un testimonio sobre su infancia en los barrios de Managua. Confesó que, debido al entorno de violencia de los años 90, estaba destinado a ser un sicario y a heredar el liderazgo de una pandilla familiar conocida como Los Sumis.
Relató cómo sus primos eran asesinos que mataban por encargo, una realidad que presenció a los siete años al ver un asesinato por primera vez. Esta vivencia quedó congelada en su memoria y es la base de su poema "El sumi que no llegó a serlo", donde narra la vida de delincuencia que le aguardaba.
Sin embargo, la historia de González es también una de historia de salvación gracias a la determinación de su madre, quien lo trajo a España para alejarlo de ese destino. El autor comentó que "mi madre lo evitó vistiendo mi niñez con libros, poemarios y novelas", transformando el veneno de la tiniebla en la luz de la creación literaria.
La participación de William González en este encuentro literario dejó claro que la poesía es una herramienta de supervivencia. Su mensaje reafirmó que, frente a los regímenes y la violencia, la cultura sigue siendo el único camino para "limpiar la historia" y encontrar la verdadera democracia.