Visión y convicción, el capital social de las juventudes que defienden la tierra
- 12 Oct 2026
- 12:25 p.m.
*Todas las especies merecemos tener una vida digna bajo nuestras diferentes condiciones" • Foto: Onda Local
La juventud de la región centroamericana comprometida con la tierra y sus recursos, ha asumido la causa ambiental y la defensa de los derechos, con la certeza de que su trabajo aporta significativamente a generar cambios en pro de la conservación y poder dejar un legado a quienes en términos generacionales vienen detrás.
Esa firme convicción les hace sentir la satisfacción de que no es una lucha vana, sobre todo cuando son testigos de logros como el empoderamiento de las comunidades, la creación de conciencia en protagonistas refractarios y en buena medida, cuando la persistencia de esa lucha logra posponer o en el mejor de los casos frenar proyectos, que de concretarse serían devastadores para el ambiente, las comunidades y los territorios defendidos.
Una lucha que no se puede abandonar
Para la joven guatemalteca Jessenia Sorín, del pueblo indígena Maya-Quiché, la defensa de la tierra y sus recursos es algo que no se puede ni se debe abandonar porque solo luchando por el ambiente se puede garantizar la conservación de los espacios naturales que aún quedan.
Asegura que la juventud debe interiorizar una visión de futuro centrada en preservar los recursos de la madre tierra para legar a las generaciones venideras un medioambiente con las condiciones óptimas para la vida.
“Nosotros también vamos a tener familia, vamos a procrear y pues me gustaría que también mis hijos tuvieran este espacio libre, sano y de aire puro donde yo también viví. Yo lo tengo todo ahorita, y quiero que algún día ellos también tengan esta libertad y que puedan también crecer libremente, sin ninguna repercusión” anhela Sorín.
Por ello, asevera, no hay que perder de vista a quienes con un afán depredador codician los recursos naturales con el único fin de enriquecerse. “Ellos se llevan toda nuestra riqueza natural que para nosotros es fundamental porque a través de ella nosotros tenemos agua, tenemos biodiversidad, tenemos también alimentación”, puntualiza.
Yo creo que lo que significa para mí como joven defensor ambiental es sobre todo esa resiliencia, es sobre todo a pesar de que hoy estamos muy intimidados por el gobierno, pero cuando me quedo callado veo niños, veo jóvenes en mi territorio que no pueden hablar. Y yo digo no, no me puedo quedar callado ante estas circunstancias, porque hablar y decir que somos una generación fuerte, que somos un pueblo indígena, que venimos de muchos años luchando por nuestros recursos.
Callar es el peor error
Arnold Becker, un joven indígena del pueblo Ngäbe Buglé, asentado en la región norte de Panamá, también piensa en quienes vienen levantándose detrás de él, y eso le obliga a no callar ante las injusticias, la discriminación y los propósitos depredadores de quienes pretenden despojar a los pueblos y comunidades indígenas de sus territorios.
Afirma que ante tanta ignominia hay que ser resilientes y no dejarse intimidar por el poder. Asegura que su pueblo actualmente vive bajo intimidación gubernamental,
“Cuando veo jóvenes en mi territorio que no pueden hablar, yo digo no, no me puedo quedar callado ante estas circunstancias, hay que hablar y decir que somos una generación fuerte, que somos un pueblo indígena, que venimos de muchos años luchando por nuestros recursos”.
En ese sentido incentiva a la niñez y la juventud de su comarca a que asuman sin temor su derecho a expresarse, porque “también ellos tienen el poder de incidir, no hay nadie que los pueda callar por sus propios recursos, por su propio territorio”, sobre todo, agrega, el silencio no es opción cuando los interlocutores son quienes les quieren obligar a desplazarse para utilizar su agua y sus tierras con fines extractivistas.
“Mi mensaje es que mientras siga vivo siempre seguiré alzando esa voz, siempre seguiré defendiendo los territorios indígenas en mi país, no solamente de la comarca, sino de otros pueblos indígenas” concluye Arnold.
El empoderamiento de la gente es clave
La joven ambientalista hondureña Rixi Hernández dice que una de sus grandes satisfacciones como activista, es poder ver los resultados de su trabajo, sobre todo cuando ese resultado radica en “ver a la gente empoderada defendiendo su territorio”, cuando la gente asume con convicción que vivir, trabajar, producir y alimentarse en sus propias comunidades, es un derecho que nadie les puede arrebatar.
Rixi asevera que la defensa de los territorios y el ambiente, es algo que “vale la pena porque hay que vivir el presente y enseñarles a las futuras generaciones a que se puede vivir en un ambiente limpio, en un ambiente sano y un ambiente seguro”.
“Nadie asume una lucha porque quiere”
Para la también activista hondureña, Gabriela Sorto, nadie se mete a luchar porque quiere, sino porque las circunstancias le obligan, pues es necesario defender lo propio cuando está siendo amenazado.
“Yo entro a luchar en la defensa porque me están secando mis ríos, porque me quieren despojar de mi comunidad, y he dicho, yo soy nacida en mi comunidad, (…) he vivido en mi comunidad, y tengo que defender esa comunidad, esa montaña, porque es mi vida, y para mí tiene un valor que no se cuenta con dinero” argumenta.
En el mismo sentido agrega que todas las personas que están luchando lo hacen por el amor a la tierra y sus recursos. Asegura que esa es la fuente de inspiración de esa lucha. “Nos inspira el ver ese río correr con esas aguas, que a pesar de que no hay mucho, pero corre libre; esos animalitos, esos niños, yo tengo a mi bebé y yo la veo cuando sale a jugar al patio; a mí eso me alegra y me inspira para seguir luchando”, confiesa.
Gabriela asegura que mientras le sea posible continuará desde los espacios sociales que integra, manteniendo esa lucha permanente “por sobrevivir, por seguir viviendo ahí en mi comunidad, por no ser despojada de mi comunidad por las empresas extractivas”.
Una lucha de todas y todos
Eduardo Rivera, un joven defensor ambiental salvadoreño, advierte desde el exilio que, para que la lucha por el ambiente sea exitosa, tienen que involucrarse sí o sí las comunidades afectadas por las problemáticas socioambientales y no dejarla solo en manos de las personas activistas o las organizaciones.
En esa vía asevera que, si no hay interés de la comunidad de organizarse y denunciar las injusticias, las organizaciones no pueden dar un acompañamiento continuo, porque asumir la lucha únicamente desde fuera no permite esa continuidad. “Para que la lucha sea real necesitamos que el propio territorio y las propias personas que están en el territorio también se manifiesten y estemos haciendo la lucha en conjunto” argumenta.
Defender el ambiente es defender la vida
Elías Córdoba, otro joven ambientalista salvadoreño, originario de Santa Ana, en el occidente de El Salvador, define la lucha por el ambiente como la defensa de la vida misma. “Básicamente es una defensa de la vida, porque estamos conscientes, y es algo que hemos aprendido de la convivencia con pueblos originarios, en mi caso, el pueblo Nahua específicamente” explica.
Elías pone como ejemplo el tema de la escasez de agua que afecta con severidad a varias comunidades de la zona donde habita. “Sin agua no hay vida, ¿quién puede vivir sin agua? Es algo imposible” asevera a la vez que lamenta cómo cada día son contaminadas las fuentes acuíferas lo que trae como consecuencia, además de la escasez, una serie de afectaciones a la salud.
También hace alusión al tema forestal, otro problema grave que enfrentan en su región. “El hecho de defender los bosques que todavía tenemos, es algo que, quieras o no, si no los defendemos nosotros, ¿quién lo va a hacer? Porque de parte del gobierno solo lo hacen como de fachada” cuestiona.
En ese sentido Elías lamenta la falta de conciencia ambiental por parte de funcionarios del gobierno y aprovecha para relatar una situación reciente referida a una campaña de reforestación promovida desde instancias gubernamentales, en la que luego se verificó que muchos arbolitos fueron plantados con todo y bolsa, “son cosas que indignan, porque cualquier persona con conciencia ambiental sabe que hay que quitarle la bolsa a un arbolito (…) o sea, solo fue como un show, por decirlo así”, afirma.
Conciencia ambiental desde las entrañas
La joven guatemalteca Adriana Galindo, originaria del departamento de Alta Verapaz, asegura que la lucha por la causa ambiental la lleva consigo como algo inherente a su persona, “es parte de mí” afirma a la vez que añade que está dispuesta a luchar por el ambiente de la misma forma que lo haría por su propia vida.
“Creo que los defensores ambientales, creemos en esa convicción de que esto también es nuestro, nos pertenece, y por ello es que debemos luchar”, argumenta.
“Todos los ecosistemas merecen ser cuidados”
Por su parte, Maleza Barrantes, una joven activista costarricense califica la defensa del ambiente como un trabajo imprescindible, “porque me parece que los ecosistemas merecen ser cuidados, la vida merece ser cuidada, tanto para los humanos como las diferentes especies, y poder tener una vida digna, poder disfrutar de un planeta sano, ecosistemas sanos, comunidades sanas”.
Reafirma que la defensa de la naturaleza es una causa que vale la pena asumir, “porque la vida es bellísima. Los ecosistemas, ver toda la biodiversidad que existe en este país es precioso”.
Finalmente, asevera que la defensa del ambiente es algo integral que no puede limitarse solo a la protección o el bienestar de las comunidades humanas. “Creo que todas las especies merecemos tener una vida digna bajo nuestras diferentes condiciones".